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Otro milagro

Hace tanto que no llueve…

algunas higueras yacen

marchitas, deshojadas.

 

Yo ya no hablo con nadie,

flota un presagio gris

la vida es nada,

 

me he llegado hasta aquí

donde el agua y la luz

discurren tan en calma

 

he visto muchas almas

que siguen a la espera

como soñó el poeta,

de otro milagro

de la primavera.

Los
irreductibles galos, es lo que pensé cuando vi esta imagen del partido
comunista de las tierras vascas, jopetas, barbados con boina calada, puño en
alto, en la mano pasquines, ropa vaquera, insignias en el pecho, la mirada
firme en la cerrazón de su razón, la libertad y la independencia de la patria
vasca, y los que están locos son lo romanos, pues vale, pues me alegro. ¿Tendrán
pócima mágica estos señores de la boina? ¿Habrá alguno que se cayera de niño en
la marmita?, quiero pensar que del mismo modo que los locabix no son
representativos de la gran France,  estos
no lo son del pueblo vasco, a favor de los primeros diré que no tenían otra
pretensión que mantener su empalizada a salvo del invasor, estos pretenden
empalizar a todo el País Vasco y si les sobran maderos, a la Navarra foral y española,
amos anda, quiá redios, como si los navarros no llevasen boina. Pero ¿será esto
un problema de identidad, de raza, de patria, de odio?. Aiba la ostia oye, si
es de raza no veo yo el problema en un mundo multirracial y dinámico en el que
el latir de los tiempos impone sus mayorías y simultáneamente, la homogeneidad
de las culturas, en muchos países las señas de identidad de sus gentes, se han
convertido en reliquias turísticas, el folclore, la gastronomía etc. Y si
hablamos de la lengua, ay la lengua, pobrecitas, las más habladas se deslizan
por la pendiente de las prisas, que la obligan a dolorosas contracciones, qué
será de las habladas por minorías. ¿Me entendió mi amorsito?

Lo
de la raza tampoco sería un problema, que aunque no se lleven nada pero que
nada esas barbas a lo Carlos Marx, salvo en el kurdistán y alrededores,  por cuestiones de frío y fundamentalismo
supongo, no sería esto problema alguno para el resto de comunidades, lo de la
boina tampoco sería un problema salvo para los que la llevan calada hasta las
orejas, signo unívoco del palurdo lo que pudiera causarles roces en la
convivencia. Si el problema es de odio, esto es más serio, que el odio engendra
odio y lleva a la locura colectiva, es posible que estén en este punto, si es
así, les recomiendo una pausa para la reflexión y una consideración a sus
descendientes, que los heredarán sin merecerlo y por mucho que se empeñen, no
hay situación en nuestro entorno que los justifique, los odios digo. Y si
hablamos de patria, les diré que en la suya han sembrado el miedo, la
extorsión, el secuestro y la muerte indiscriminada, han desterrado a los
intelectuales que no comparten su visión de las cosas y han destejido el tejido
industrial, vamos que mucha patria no han hecho.

  Irreductibles señores, su foto es una
chirigota trágica, me quedo con las de Cádiz, no hay duda.

Hijitos

     De los relatos cortos que he leído, guardo
un especial recuerdo de uno escrito por Mario Benedetti, por la honda impresión
que me causó. Hablaba de un torturador de los que generó alguna de las
dictaduras, que en los años setenta se instalaron en el cono sur.

 

  Este señor verdugo regañaba a su hijo y al
tiempo le acariciaba diciéndole, hijito, hijito mío, hijito de puta, y lo
estrangulaba en un éxtasis de deformación profesional.

 

  Ya lo dijo no sé quién, la función crea el
órgano, eso es tan cierto que solo hay que observar a un vendedor de cortinas y
ver su amaneramiento en la voz y sus gestos tan diferentes de los de un obrero
de la construcción, pongamos por caso.

 

  Hoy he recibido un cursillo llamado “Procedimiento
de sanciones” por A. V. me sonaba el nombre pero no lo conocía. El curso es
para mandos intermedios y el objetivo se explica en el título. En las cuatro
horas que ha durado, mi sistema de alarma se ha activado y ha desplegado el
muro más inexpugnable de mi sistema defensivo, silencio absoluto, escáner
visual, recopilación de datos de experiencias anteriores, comparación,  antitesis y síntesis, he evaluado la
peligrosidad, como lo hacían  los
guerreros del espacio en Songoku, cuyas gafas daban en no sé que unidades, el
potencial destructor del enemigo, en mi monitor aparecía un gran hijo de puta.

 

   Su dialéctica políticamente correcta se ha
visto traicionada por la dictadura de la profesión y por la debilidad del ego,
o sea, que se le calienta la boca y se expresa como siente y dice más de lo que
debe, por la exhibición del erotismo halagador del poder.

 

 Debidamente documentado con una sentencia
judicial desfavorable, nos ha hecho partícipes de la difícil existencia del
empresario, de la dolorosa sensación que provoca el despido, de la crueldad del
trabajador irresponsable.

 

    El alumnado, inmerso en la atmósfera
inquisidora y justiciera ha salido del aula con los carnés de sancionador,
dispuestos a deshacer entuertos en una locura colectiva, los mismos alumnos que
tal vez mañana, se vean inmersos en un proceso de regulación de empleo que los
dejará en la calle, por vuestro bien hijitos, hijitos míos, hijitos de puta.

Quita bicho

     Al entrar en el recinto de la piscina y
dirigirme a la ducha más próxima cumpliendo así los preceptos de higiene y limpieza,
me crucé con una señora fea por que sí, se movían sus piernecillas como si
tuvieran autonomía plena del cuerpo, de manera que éste parecía desplazarse
sobre ruedas, como un juguete de hojalata. Tenía los ojos como dos cucarachas
en sus cuevas, la boca hundida en un hachazo horizontal cruel y desmedido y una
descomunal y grotesca napia que hacía de Quevedo un aprendiz de brujo. Los
Troles existen, pensé. De sus dilatadas orejas colgaban sendos pendientes que
prolongaban estas hasta el infinito, ¿Para qué lleva esta señora pendientes? me
pregunté ¿Para realzar su manifiesta fealdad? ¿Un toque de distinción? un toque
de cruel ironía mayormente. ¡Quita bicho! dije para mí al esquivarla.

 

     Nadé después como de costumbre, la
natación es un deporte de autistas, mecánico e insustancial, salvo si alguna
joven te ofrece su mejor escorzo nadando a braza, esto entretiene de tal modo
que se olvida el contar piscinas, se olvida el mundo y sus miserias y lo peor,
se olvida subir a la superficie a respirar. Pero este día no había en el
recinto mujer alguna que se ajustase a esta situación, eran todas las que había
harto feas ¡vive Dios!

 

     Desde mi asiento en la sauna observo a
través del oscuro cristal a una dama, que dama debe ser si a su traje de baño
nos atenemos, que además de inmensa es absolutamente amorfa, de hecho ha sido
su medalla la clave para determinar cual era su parte frontal y cual su dorsal.

Para buscar el equilibrio,
su esqueleto se inclina hacia delante bruscamente en la vertical a la altura de
la cintura, y digo cintura por calcular a ojímetro que aquella parte estaba
aproximadamente a la mitad del corpachón, pues no había otro indicio. Desde
aquella misma parte y en sentido descendente se descolgaba una masa ingente y
se antojaba que gelatinosa recogida por el elástico bañador, que se estiraba al
límite de su elasticidad y se apoyaba sobre sus escuálidas patijuelas. Para
equilibrar esta masa se extendía en el plano vertical, desde sus anchas caderas
hasta la parte posterior de las mencionadas patijuelas, y en el horizontal,
Dios nos asista, el mapamundi desplegado desde las Antípodas hasta Hawai por la
mayor de las distancias que las separa. Y todo ello sujeto como digo por dos
largos palillos que convergen a la altura de las rodillas y se separan luego en
su viaje hasta unos piececillos de geisha y aquellos piececillos se dirigían
hacia la sauna dando al corpachón un rítmico vaivén, ¡A no! eso si que no,
pensé recordando aquella amarga experiencia que se contó. Salí de allí con
premura y me aleje sin titubeos.    

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