He venido a hablar del clero, si ya sé, soy un pesado, en mi descargo diré que solo lo hago ante una provocación / agresión al laicismo, es decir a la libertad de credo, a la libertad en suma.
Este proceder mío es la pura esencia del anticlericalismo en España, como el mismo término indica, es una respuesta al clericalismo y su intolerancia a la libertad.
Lo explicaremos con una parábola, así lo entenderán los creyentes, porgamos por caso que le estoy pisando a alguien los cojones permanentemente, y que el pisoteado en un hartazgo, se manifiesta en contra de mi bota, este imprudente pecador quizá no haya considerado la sagrada condición de mi calzado, ingrato antibota, cuanto odio destila.
Hace ya tiempo noto que algunos sectores establecen semejanzas entre la España de hoy y la del treinta y seis, algún prelado chusquero castrense ha aconsejado muy malamente al santo padre, que pensaría ha sido engañado de no precederle su historia, esa que ha unido históricamente la Iglesia al poder, o esa que lo asocia al nazismo, no hablaré ahora de su despiste en los casos de pederastia, así que tengo que convenir conmigo mismo, que este santo no lo es tanto y que muerde la mano de quien le da de comer, caso de este gobierno que nos ocupa, que ha tenido que justificarse en cada una de las decisiones de gobierno que a la curia no han gustado y compensar con la permanencia de sus privilegios, estos sí parecidos a los del famoso treinta y seis.
Constatar la presión de la Iglesia en España a través de los siglos es tarea fácil, que al no haber entre el generalato alguien que nos guíe por el buen camino, ha sido posible ojear la historia con la objetividad que requiere, lo voy a esquematizar con cuatro enunciados, “Isabel la Católica” más papista que el papa, que era Ella la que elegía a sus propios cardenales, “El Emperador” que se erigió en salvador de la cristiandad y promovió el famoso concilio de Trento, lo del saco de Roma fue un pecadillo “Felipe II” qué decir de este oscuro e ignorante monarca, que sembró el terror en toda Europa, La inquisición que se negaba a desaparecer en tiempos de los Felipes sucesivos y aventaba el fuego de la hoguera, El clericalismo en tiempos de la alternancia, la restauración y el caciquismo que fue a dar con la quema de iglesias y conventos tras tolerar la glotonería de los sacerdotes galdosianos y por fin ¡OH Dios! La cruzada que tanto añoran del año en cuestión, en la que el clero sostuvo el palio al dictador y saludó brazo en alto, mientras Europa se desarrollaba tras la última guerra mundial.
Y aquí estamos de nuevo riñendo por la gracia de Dios, menos el colectivo gay lesbianas que siguiendo el principio de la encíclica papal “Dios es Amor” se han citado frente a la catedral de Barcelona para mostrar al santo padre su fe.
Supongo que Europa nos mirará de soslayo, algo avergonzada, sorprendida por la tolerancia hacia Roma y es que somos buena gente a pesar de lo que diga el Santo pontífice, justo cuando lo acogemos en nuestro seno y nos gastamos lo que no tenemos los creyentes y los descreídos.
Perdónales Señor que no saben lo que hacen.
